Niña de ojos tristes y palabras duras,
hace tanto tiempo que no te veo…
con tus jeans rotos y tus botas militares,
me recuerdas que aún tengo fuerza en mí.
Con tus 16, has logrado convertirte
— en tu propia dueña —
y tus lágrimas,
en sonrisas desafiantes.
Niña rebelde, muéstrame el camino a mi misma;
con tu actitud desafiante, espanta a los fantasmas y demonios
que me sumergen en terribles pesadillas.
Y vas al colegio con el cabello recogido y sarcillos de calaveras,
— medias negras con zapatillas de tacón corto –.
Fumando a escondidas y escribiendo poemas,
luego de haber terminado los deberes de la casa, de la escuela,
y cuidar de tu hermanita.
Encuéntrame, lléname de ti, hazme tuya y no me sueltes,
quiero sentir otra vez que estoy
-viva -.
Nadie imagina todo lo que has vivido,
mientras escuchas metallica sin hacer gestos,
y miras por las ventanillas del bus,
-fijamente, sin parpadear -.
Gracias a tí, soy la mujer que soy hoy:
tú, que nunca dejaste de creer en tí,
querías ser científica y soñabas viajar en un Jeep
-por toda América persiguiendo un autobús -.
Que no permitiste que el dolor y la soledad
se convirtieran en una sentencia:
niña de ojos tristes y palabras duras
sácame de este dolor que me consume,
de este miedo que no me deja,
de vivir, una y otra vez,
aquello que olvidé mucho tiempo atrás.
(la gente te mira extraño porque te gusta vestir de negro y escuchar rock,
pero a tí no te importa ni nunca te importará lo que los demás piensen de ti).
Y eso me ha quedado de tí, mi dulce niña de tristes ojos pero palabras duras.

¡Bienvenidos a mi mundo!