Acompáñame en mi viaje como autora.
Detrás de cada máscara vive una verdad… lo real se revela cuando nadie mira.
Hola, querido lector. Bienvenido a mi rincón: un lugar para mirar de frente lo que a veces se esconde.
¿Alguna vez te has preguntado qué se esconde detrás de las máscaras de quienes amamos, cuando nadie los mira?
Soy J.L.M. Petersen: una escritora de realismo mágico íntimo con pulso psicológico, centrada en la revelación emocional.
Escribo desde la emoción: desde lo que se rompe y se reconstruye, desde lo que no se dice pero se siente.
Me mueve el misterio, lo simbólico y lo psicológico, y me atraen las historias donde lo invisible irrumpe y deja una verdad.
Cuando estoy dentro de mí, cualquier circunstancia puede convertirse en el disparador que me adentra en esas aguas internas, y convertirme en la creadora de mundos imposibles.
Por eso, definir mi proceso creativo, o intentar racionalizarlo como una rutina, es un desafío.
A veces sucede en plena madrugada. A veces surge sin aviso. Pero, por lo general, se activa cuando el agua caliente corre por mi cuerpo, especialmente en la noche.
Puede extenderse por horas o condensarse en unos pocos minutos: su naturaleza es impredecible e incontrolable.
Todo comienza con la imaginación: un sueño, el impacto emocional de una experiencia o el deleite del contacto con la naturaleza.
Casi como por arte de magia, las escenas empiezan a formarse en mi mente; a veces irrumpen con rapidez y otras llegan despacio, pero siempre con un llamado ineludible que me impulsa a buscar papel y lápiz, grabar mi voz o quedarme ensimismada en ellas hasta poder plasmarlas por escrito.
Cuando mis dedos teclean las palabras que dan vida a esas imágenes, el mundo a mi alrededor se desvanece. Me sumerjo completamente, como si entrara en un trance.
En ese momento, la gramática, la puntuación y las técnicas de escritura pierden importancia: soy yo ante el nacimiento de la criatura, y el pujar para que nazca no me permite pensar en nada más. La inspiración me domina, me arrastra y no me suelta, exigiendo que entregue todo: hasta la última gota, hasta la última palabra, hasta el último suspiro.
Y cuando la escena por fin queda escrita, se libera de mi mente en una explosión orgásmica… entonces la respiración se tranquiliza, las sensaciones se desvanecen y, poco a poco, el alma vuelve al cuerpo.
Entonces sonrío.
La felicidad me envuelve.
La criatura ha nacido.
Me interesa escribir sobre las verdades: lo oculto, aquello que da vergüenza. Me atrae todo lo que es verdadero, real y desnudo; lo que se puede descubrir como quien levanta una sábana con cuidado, dejando que la verdad se desnude lentamente. Y aun así, no lo niego: también me seduce lo bello, sobre todo cuando trae un propósito: cuando la belleza no adorna, sino que revela.
Para mí, la poesía es caminar por un jardín justo después del invierno: la primera primavera que despierta a la naturaleza y calienta el aire, para dar paso al gozo del verano. Es un umbral. Una respiración nueva.
Amo la literatura clásica por su calidad. Me fascina el sarcasmo sutil y delicioso de Oscar Wilde, el realismo feroz de Tolstói y Dostoievski, y la fantasía viva de Gabriel García Márquez e Isabel Allende, donde lo imposible late como si fuera cotidiano. También leo autores más actuales, sí, pero ahora mismo regreso a lo clásico con disciplina y hambre: para pulir mis propias capacidades de escritora, afinar mi ojo y endurecer mi prosa hasta que diga exactamente lo que tiene que decir.