Anoche, mientras dormía, soñé contigo.
Soñaba que tú me protegías, en vez de hacerlo yo.
Estaba en una habitación, rodeada por un mar congelado. Del otro lado se veía la ciudad.
Sin escapatoria.
Sentí miedo y te miré. Tú comprendiste.
Ante mis ojos te convertiste en una gata siamesa y te lanzaste al mar.
El mar estaba quieto, sin oleaje. El cielo se veía gris.
La habitación se sentía invernal. Mi cuerpo tiritaba de frío.
Te vi nadar lejos de mí, hasta el otro lado.
Con gracia, te escabulliste por una rendija de un edificio. Llegaste hasta donde estaba el hombre que amenaza mi vida y volviste a tu forma de mujer.
Él te miró con deseo y tú sonreíste. Pero cuando te acercaste, lo degollaste con un cuchillo que llevabas escondido.
El mismo que yo misma te regalé.

¡Bienvenidos a mi mundo!